Hola nuevamente, para quien lea esto. Han pasado ya varios meses desde la última vez que publiqué en este blog. Han pasado muchas cosas en mi vida últimamente y hoy quiero compartir algunas cosas sobre mi situación actual.

Mi cabeza ha estado llena de preocupaciones, como el proceso de postulación para la residencia médica en Estados Unidos, mi preparación para el USMLE Step 3, algunos proyectos de investigación en marcha, entre otras cosas. Mi corazón, de manera similar, también ha pasado por mucho.

Hay muchas cosas por contar, muchas historias. En el tiempo transcurrido he sentido y vivido mucho. Sin embargo, quiero centrarme en el presente.

Escribo esto cerca de la medianoche en una cálida habitación en medio del frío invierno de Syracuse, en el estado de Nueva York, impulsado parcialmente por cierta intranquilidad producto de la espera de los resultados del Step 3, que rendí la semana pasada. Es un momento en el que reflexiono sobre mí, sobre los pasos dados, sobre los errores cometidos, sobre las decisiones tomadas. De pronto la vida se volvió muy acelerada y ya no puedo procesar completamente las cosas que suceden. Quizá sea por eso, parcialmente, que me inclino hoy hacia mi computadora para escribir.

El tiempo desaprovechado

Hoy en día es casi un sentimiento universal sentir cierta culpa o remordimiento por no aprovechar el tiempo de la forma en la que uno quisiera. Hoy más que nunca es difícil mantenerse concentrado en cosas importantes cuando hay tantas distracciones en la palma de la mano. Y hoy, como muchos días, me siento así. Pienso en los días en los que pasé la mayor parte de mi tiempo viendo videos de YouTube o en Instagram, en las veces en las que decidí distraerme en lugar de enfrentar un problema o una tarea pendiente. Entonces, es inevitable sentir cierta incomodidad. ¿Qué sería de mí ahora? Probablemente estaría en una posición mejor, sabría un poco más, habría vivido un poco más. En la oscuridad de mi cuarto, nuevamente siento que incluso apreciar el silencio o darle a mi cerebro la opción de ir más lento podría haber sido más valioso.

Es complicado mantenerse concentrado y mantener la disciplina. Hoy parece imposible aburrirse, pero también parece imposible mantener la atención en algo. Me resulta realmente difícil a veces atenerme a la rutina, mantener el orden y la paz. Curiosamente, ahora que escribo siento que me acerco a ella, pero aún tengo temor de que al cerrar el ordenador nuevamente caiga en las garras del caos y del ocio.

Entiendo que es un problema moderno y cada vez más complicado, pero es difícil evitar sentirse indefenso y débil frente a tantas distracciones.

A la espera

Escuché recientemente (hoy) un podcast sobre el tema: How to make every day SO fun you don’t even have time to scroll. Contenía una serie de consejos para evitar perder el tiempo en el celular o haciendo cosas que retienen tu atención por mucho tiempo y que no aportan mucho valor añadido. Consejos prácticos muy interesantes que intenté poner en práctica, pero me cuesta implementarlos. En el fondo tiene sentido: se trata de hacer que la vida diaria sea más interesante que estar en el celular. Sin embargo, no es tan sencillo.

Estos últimos meses me he sentido expectante, a la espera. No es muy motivador saber que en marzo (con los resultados del Match) recién podré saber qué será de mí en los próximos años, y que realmente no puedo hacer mucho al respecto. Lógicamente no es excusa para desaprovechar el tiempo limitado que tengo, pero hace las cosas más difíciles.

Otros paisajes

Pero es en esta espera en la que he encontrado también tiempo para hacer cosas nuevas. Dentro de tanta procrastinación he hallado espacio para desarrollarme de forma personal, particularmente en el ámbito afectivo, familiar y social. El año anterior (2025) curiosamente recibí un mismo consejo repetidamente: «Toma las cosas con calma». Incluso más de uno me ha sugerido que descanse.

Quizá sea válido el consejo. Aún mi cerebro no procesa del todo lo que significa descansar de verdad: pausar. En mi mente, casi todo el año 2025 ha sido una pausa, una espera activa y ansiosa de algo que está por venir. Siento que no hice mucho, pero no siento que haya descansado realmente. Es una sensación similar a cuando pasas mucho tiempo en una red social viendo videos cortos: siento que gasté tiempo, pero no siento que haya descansado.

Pero, si bien no ha sido un descanso, sin duda hice menos en los ámbitos del estudio y del trabajo. Por otro lado, hice más en otros campos como el amor, la familia y el deporte.

Amor

Me he dado cuenta de que sabía muy poco sobre el amor (es un acto muy hermoso). Puedo decir con seguridad que durante la mayor parte de estos meses el amor ha sido mi prioridad. Inicié una relación de pareja, ya llevo casi ocho meses y ha sido una aventura impresionante. No ha sido fácil, pero siento que el esfuerzo ha valido la pena. Desde pequeño, supongo que por el espíritu competitivo forjado al haber crecido en un ambiente deportivo, las cosas a las que les he dado más valor han sido las visibles: las medallas que brillan, los diplomas, los elementos del currículum. En el amor es todo lo opuesto. Lo bonito del asunto son esas cosas que quedan dentro: las decenas de poemas escritos que quedan entre nosotros, las conversaciones largas, los abrazos, las risas, las lágrimas.

Y, aunque no son cosas que pueda exhibir como trofeos ni siquiera sé si soy bueno en ello, son cosas que me llenan, que me hacen sentir feliz de ser humano.

Familia

Y lo mismo con la familia. Al tenerla tan cerca a veces se me olvida lo afortunado que soy por tenerla. En estos meses he podido convivir con ellos a diario y hacer planes en conjunto con frecuencia. Pasé Navidad y Año Nuevo junto a ellos, después de varios años. Viajé a la playa y visité a mis abuelos los fines de semana. Ahora, mientras escribo estando lejos de casa, me da nostalgia, aunque sé que los volveré a ver en unas pocas semanas.

Es complicado crecer y tener esta edad, en la que normalmente las personas dejan el hogar para formar uno nuevo. Siento que se acerca el momento de volar del nido y me da miedo. Me dolió particularmente la partida de Diego, mi hermano, quien viajó a Lima por un año para completar su internado. Él ha sido mi mejor amigo, el más íntimo que he tenido; ahora ya ni puedo hablar con él con frecuencia. No sé cómo será la situación cuando regrese: pensar en eso me atormenta y por eso evito hacerlo.

Qué puedo decir: como diría mi enamorada, soy privilegiado. No tengo vergüenza de serlo ni de haber crecido en un hogar completo, con padres que me han dado amor a su manera y con una familia que se preocupa por mí, me acompaña y siempre ha estado dispuesta a apoyarme.

Deporte

Como último paisaje por comentar está el deporte, que también es parte de mis amores. Una relación un tanto complicada. En algún momento renuncié a competir para estudiar más. Dejé de nadar y pasé a ejercitarme por salud, principalmente. Pues resulta que volví a retomar algunas actividades antiguas: me animé a competir en algunos torneos (motivado por Diego) y gané algunas medallas que no esperaba. Jugué fútbol en varios campeonatos, entrené de forma constante y me divertí.

Dentro de todo, este tiempo me sirvió para retomar una relación más sana con el deporte y ahora me encuentro motivado para continuar practicándolo de forma constante.

Nuevos paisajes

Curiosamente, cuando empecé a escribir este post me pareció que había estado meses enteros sin hacer nada, pero ahora siento que no. Todavía creo que pude haberlo hecho mejor: demostrar más disciplina, completar más proyectos, tomar más riesgos, mejorar.

¿Pero qué puedo hacer? Ahora siento que no debería renegar de mi situación y vivir inconforme, sino aceptar que no soy perfecto y que solo puedo hacerle frente a la vida avanzando, como corresponde.