Un viaje a Lima inesperado
Preparativos
Se aproximaba el cumpleaños de mi hermano David. Mi mente vacilaba entre pensamientos confusos. Una semana atrás había recibido la noticia de que había hecho Match, lo cual significaba que dentro de unos pocos meses iba a iniciar la residencia médica en Estados Unidos. ¿Me sentía feliz? En parte sí. ¿Me sentía triste? También. En los meses previos había compartido y disfrutado de la compañía de mi familia, amigos y mi enamorada. Tan solo la idea de dejar todo eso atrás me generaba tristeza, culpa, y nostalgia.
El cumpleaños de David me ayudaba a distraerme de mis pensamientos, de mis problemas. Recuerdo su voz y sus ojos al acercarse a mí para contarme de alguna idea nueva para su fiesta. Yo me contagiaba, y mis ojos también se iluminaban dándole ideas de cosas que podrían hacerÑ un campeonato de ping pong, un concurso de Just Dance, una trivia de quién conoce mejor al cumpleañero. Era para mí también una especie de prueba de posibles ideas para mi cumpleaños, que se vendría en menos de dos semanas. Sentirme involucrado en su fiesta de cumpleaños, me hacía sentir muy emocionado también. Este año, desde que Diego se fue a vivir a Lima por su internado, pude conectar mucho más con David.
La llamada
25 de marzo, dos días antes del cumpleaños de David. Una llamada de Cristhian. Diego se encontraba mal de salud, estaba en emergencias del Hospital Rebagliati, como paciente y ya no como interno. Llamadas preguntando por detalles. Nada claro, estaba en shock trauma. Funciones vitales estables, Glasgow 10, parecía que estaba dormido y no podían despertarlo. Solicitaban la presencia de algún familiar, no había ninguno. Más llamadas, algunos favores. Paulo fue a verlo y nos ayudó con algunos papeles. En casa todos preocupados, me pidieron que fuera yo.
Y así llegué a Lima, de improviso. Llegué por la tarde, Diego me dijo que ya le habían dado de alta y que solo esperaba que el doctor firmara algunos papeles. Aparentemente, se demoró varias horas en llegar, pero al final lo hizo. Tomé un taxi desde el aeropuerto, pero el tráfico hizo que me demorara más de lo previsto. Diego pudo cenar con Paulo, pero yo ya no pude alcanzarlos. Cuando llegue al hospital ya era de noche y nos encontramos ahí, en la avenida Rebagliati frente al Seven Boys.
Mirada cansada, aspecto triste, parecía derrotado. Conversando, me di cuenta que el motivo eran los malos tratos. Sujeción mecánica, lavado gástrico, sentir que sus deseos eran ignorados. Es difícil ser paciente. Continuamos la conversación en el mall Salaverry. Compramos unos boletos para el cine y comimos un par de hamburguesas.
Coincidencias
Él tenía el día libre al día siguiente, solo debía ir al mediodía a dar un examen. Yo aproveché que estaba en Lima para ir al Ministerio de Salud a presentar algunos documentos para el trámite de mi visa. Nos encontramos luego de ese examen y fuimos a almorzar a Primos Chicken en San Isidro. Pudimos conversar más cosas, me contó de sus problemas y yo de los míos. Notaba cómo su mirada recuperaba el brillo que recordaba. Por la tarde descansamos un rato y luego me convenció de tomarme una foto frente al hospital con un cartelito del match. Ese fue el primer reconocimiento que tuve por ese logro conseguido. Nos animamos también a invitar a personas para compartir una cena.
Y resulta que la casualidad había hecho que varias personas se encontraran en Lima en ese momento. Ana Lucía estaba por allá para un curso de ecografía, Renato había llegado desde Arequipa con una referencia, Brenda también estaba en Lima, incluso Carlitos había llegado desde Piura para estudiar y prepararse para el examen de la residencia. Nos pusimos de acuerdo para cenar en el Nawara Nikkei con algunos y al día siguiente desayunar chicharrón con otros. Las coincidencias eran tantas que hasta nos encontramos con Armando por la calle, luego de terminar el chicharrón.
Despedidas
Conversamos de muchas cosas, nos actualizamos de nuestras vidas. Desde el internado las cosas habían cambiado mucho. Habíamos completado nuestro SERUMS en lugares muy distintos y ahora apuntábamos a caminos diferentes. Carlitos se preparaba para el examen de la residencia, Brendita ya se iba a España, Renato ocupado con la residencia de cirugía cardiovascular, mientras que Luis y Armando, con traumatología. Yo en la espera de trámites para tener la visa y viajar para iniciar mi residencia.
Nos despedimos sintiendo claramente, y sin decirlo, mucha satisfacción por habernos vuelto a encontrar, pero con cierta nostalgia y tristeza, sabiendo que probablemente fuera la última vez que compartíamos todos una misma mesa.
Después del desayuno, Diego fue al hospital y nos encontramos de nuevo a la hora del almuerzo. Conocí a sus compañero y me reencontré con Cristhian. Almorzamos en el chifa de caballo, me divertí mucho escuchando sus historias y dándome cuenta de que mi hermanito estaba bien acompañado. Nos deseamos suerte y nos despedimos.
Regreso
Y regresé a Arequipa, justo a tiempo para el cumpleaños de David. Me fui un jueves y regresé un sábado. El viaje fue para ayudar a Diego, pero regresé con la sensación de haberme ayudado a mí. De pronto mi situación se sentía similar a la que pasaban ellos, mis incertidumbres se sentían compartidas, tenía la sensación de que, aunque terminemos en lugares distintos del mundo, tengo un lugar en su historia, así como ellos tienen un lugar en la mía.
Fue así que, entre esos pensamientos y con una actitud renovada, llegué a casa, al cumpleaños de David. Me perdí el campeonato de ping pong y alguna otra actividad, pero llegué a tiempo para el Just Dance, la trivia y la torta.